Este es mi pequeño diario de sentimientos, con el que día a día escribo lo que pienso para poder desahogarme, gracias por leerme. Un beso.

domingo, 22 de julio de 2012

Escupimos palabras, nos tragamos sentimientos.

Por el simple hecho de tener miedo a que nos hagan daño, a ser frágiles ante el resto del mundo, a arriesgarnos a mostrar nuestros sentimientos... Por, simplemente, ser cobardes.

Nunca digas nunca, porque nada es para siempre.

Y dijiste que nunca nos pasaría esto, que lo que sentías duraría siempre, que seguiría siendo la más importante para ti por el resto de la eternidad, pero de eso ya nos queda poco. Que las palabras son vacías sin sentimientos, que los besos ya no sirven sin sentirlos, que esos abrazos en el momento justo se los llevó el viento, y las tardes tumbados en mi cama acurrucados uno con el otro cantándonos tonterías y diciéndonos que nos queríamos no pueden estar más lejos.
Que lo nuestro era para siempre jamás, como los cuentos de princesas, donde no hay sapos, sólo perdices. Que mi príncipe azul ya no mata a mis dragones, ni tampoco espanta mis pesadillas. Que lo único que nos quedan son esos recuerdos que sólo hacen daño, y esas heridas entreabiertas que siguen doliendo como cuchillos.
Y ahora, entre horas y horas de silencio, sólo nos queda el rencor que sentimos el uno por el otro. Que cuando todo acabe, sólo recordaremos los días enteros peleando. Y, para no variar, miles y miles de horas acurrucada en mi cama esperando a que llegues y me abraces, que me digas que me quieres y que todo se arreglará, pero eso nunca pasa. Que cada día que pasa te noto más lejos, y más cerca tu ausencia. Que nunca antes había llegado a pensar en que esto podría llegar a pasarnos, en que la rutina nos atacaría una y otra vez, que nos llegaríamos a odiar, pero como mi madre dice: Nada es para siempre.
Una vez más, sólo me consuela que el tiempo pondrá a cada persona en su lugar, pero la simple idea de pensar de que esto pueda llegar a su fin duele como nunca antes podría haberlo imaginado.